Cuaderno de Cátedra nº 24: Henri Bergson, Materia y Memoria.

AUTORA: Porf. Lic. Cecilia Pelliza

“Heme aquí, pues, en presencia de imágenes, en el sentido más vago en que pueda tomarse esa palabra, imágenes percibidas cuando abro mis sentidos, inadvertidas cuando los cierro”. Bergson utiliza el término “imágenes” como término neutro para designar lo real evitando los escollos del idealismo – que reduce la materia a las representaciones que tenemos de ella – y del realismo – que hace de la materia algo que produciría en nosotros representaciones pero que sería de otra naturaleza que éstas. Entonces la materia para Bergson es un conjunto de imágenes, imágenes que existen en sí mismas, independientemente de nuestra percepción.

Mi cuerpo, en este conjunto de imágenes que es el mundo material, es una imagen más, que actúa recibiendo y devolviendo movimientos como las demás imágenes; con una salvedad: mi cuerpo parece elegir cómo devolver lo que recibe. “Todo pasa como si, en este conjunto de imágenes que llamo universo, nada realmente nuevo se pudiera producir más que por la intermediación de ciertas imágenes particulares, cuyo tipo me es suministrado por mi cuerpo”. Entonces mi cuerpo es una imagen capaz de ejercer una acción real y nueva sobre las imágenes que lo circundan.

Hagamos ya una diferencia entre la materia y la percepción de la misma. Se nombra materia, como dijimos, al conjunto de imágenes que existen en sí, y percepción de la materia a esas imágenes relacionadas a la acción posible de mi cuerpo sobre ellas. Mi cuerpo, como centro de acción, recibe de la materia el reflejo de la acción posible sobre ella. Esta imagen que es mi cuerpo ocupa el centro; sobre ella se regulan todas las otras; todo cambia con cada uno de sus movimientos, como si se hubiera dado vuelta un caleidoscopio.

Esta percepción está por completo orientada hacia la acción y no hacia el conocimiento puro. Es decir que percibo para accionar, para vivir, no para conocer la materia pura, en sí. Yo percibo una multitud de objetos en el espacio capaces de solicitar mi voluntad y de plantear una pregunta elemental a mi actividad motriz: cada pegunta planteada es precisamente lo que llamamos percepción. Si pierdo bruscamente la vista dispongo aún de la misma cantidad y calidad de movimientos en el espacio; pero esos movimientos ya no podrán ser coordinados a través de impresiones visuales: se ha suprimido toda una parte de las solicitaciones de mi actividad.

En cuanto a la conciencia de la percepción, hay que decir que percibir conscientemente significa escoger. La conciencia consiste ante todo en ese discernimiento práctico, que lo logra mediante la evocación de imágenes pasadas que se mezclan con nuestro presente, pudiendo incluso sustituirlo. Imágenes que se conservan solo para volverse útiles, en todo instante completan la experiencia presente enriqueciéndola con la experiencia adquirida. Esto es la memoria: la supervivencia de las imágenes pasadas.

No hay percepción que no esté impregnada de recuerdos. A los datos inmediatos y presentes de nuestros sentidos les mezclamos miles de detalles de nuestra experiencia pasada. La comodidad y la rapidez de la percepción existen a ese precio; pero de allí nacen miles de ilusiones de todo género. Ahora es preciso distinguir entre esta percepción concreta y compleja, hinchada por mis recuerdos, y una percepción pura, que existe de derecho más que de hecho, la que tendría un ser situado donde soy, aquí y ahora, viviendo como vivo, absorbido en el presente.

El cuerpo, montado sobre el sistema nervioso, es para Bergson un aparato de selección de imágenes de cara a la acción, con lo cual se arma la realidad , por lo menos la realidad sensible, en función de la vida. Esto es la atención a la vida: requerimos de hacernos en el momento de otros datos, obtenidos en el pasado para que no sea a cada instante un recomienzo. De este modo, lo que recomienza a cada instante es la memoria, el recuerdo volviéndose actual, actualizándose. Se podría decir que esta atención a la vida de la que habla Bergson es en verdad una desatención a lo real, en tanto nuestra percepción actual consciente está contaminada, hinchada, de imágenes pasadas que vienen a darse cita para aprehender lo real de una manera más rápida y efectiva.

Todo este proceso es posible ya que las imágenes percibidas se van almacenando en la memoria, en la que todo queda más o menos profundamente sepultado, pero nada se pierde. A lo sumo ciertos recuerdos quedarán desatendidos por su inutilidad para las necesidades acuciantes de la vida, aguardando su actualización cuando haya una solicitación de los mismos por parte de las imágenes actuales. Podemos distinguir así entre dos tipos de memorias: una que nace de la que dijimos que era la percepción pura, percepción, repetimos, que existe más de derecho que de hecho, memoria verdadera que reserva a cada hecho su lugar, que alinea nuestros estados uno tras otro a medida que se producen; una otra memoria que se va construyendo por medio principalmente de la repetición, memoria práctica, esquemática, útil para el reconocimiento de imágenes y la reacción estereotipada a ciertas situaciones. Una, memoria verdadera, memoria pura; otra, hábito más bien que memoria, representa nuestra experiencia pasada, pero no evoca su imagen sirviendo para el reconocimiento de imágenes,memoria imagen.

Memoria pura y memoria imagen; por la primera aprendemos una lengua, por la segunda recordaríamos en cambio la primera vez que escuchamos una palabra. Sin embargo, entre estos dos polos de la memoria no hay discontinuidad. La vida es un continuo pasar de una a otra; del mero hacer cuasi mecánico a la pura ensoñación, y viceversa. La vida se sitúa en una zona intermedia.

Notas del primer parcial

Cualquier consulta escribir a matildebaroni@hotmail.com

NOTAS DEL PRIMER PARCIAL

Turno Mañana

Grupo 1: Morelli, Ornela, Palazzetti (Excelente)
Grupo 2: Otero, Baridón (Muy Bueno)
Grupo 3: Godoy, Leiva, Zurita (Bueno)
Grupo 4: Villa, Belizón, Corvalán (Excelente)
Grupo 5: Di Palma, Wellwe, Oviedo (Muy Bueno)
Grupo 6: Bengochea, Simioni, Di Salbia, Bernachini (Excelente)
Grupo 7: Torcarelli, Feldman (Ausentes)
Grupo 8: Bitti, Argañaraz (Muy bueno)
Grupo 9: Crespo, Montalbano, Fouguet, Gennai (Bueno)
Grupo 10: Rebuffo, Constantini, Ricca, Ceccarelli (Bueno)
Grupo 11: Nannini, Navone, Pautassi (Bueno)
Grupo 12: Braillard Poccaed, Godoy Iriarte, Hernandéz (Aprobado)
Grupo 13: Torres, Plano, Perez (Excelente)
Grupo 14: Caprioti, Gutierrez, Palacio (Muy bueno)
Grupo 15: Altuna, Carradori, Pagura, Toscano (Excelente)
Grupo 16: Espona, Fernandez, Risso (Excelente)
Grupo 17: Arroyo, Ferronato, Machuca (Muy bueno)
Grupo 18: Callegari, Drappo, Romero, Acuña (Excelente)
Grupo 19: Suarez, Vigouroux (Muy bueno)
Grupo 20: Jarike, De Luca (Excelente)

Turno Noche

Grupo 1: Rial, Martínez, Pérez (Muy bueno)
Grupo 2: Orsilli, Dieguez, Fiarotto, Farías (Excelente)
Grupo 3: Busquets, Baldivia Sissi, López, Glardón (Excelente)
Grupo 4: Vargas, Taylor, Veniani, Macazzaga (Excelente)
Grupo 5: Ventroni, Alegre, Bonacchina (Distinguido) – (No se entiende si hay uno más en el grupo o sólo agregó el nombre)
Grupo 6: Arias, (no se entiende el segundo apellido. Quizás sea Reyna… o algo así), Antola (Distinguido)
Grupo 7: Segovia, Levato, Casabella ( Muy bueno)
Grupo 8: Mazzino, Descalzo, Constanzo (Excelente)
Grupo 9: Cullen, Baset, Vignales, Machioldi (Excelente)
Grupo 10: Bracco, Gigli, Margarit, Sanchez (Muy bueno)
Grupo 11: Carrere Gómez, Siri (Excelente)
Grupo 12: Costamagna, Villella, Galante, Silva, Rial (Bueno)
Grupo 13: Nicola, Rodríguez (Excelente)
Grupo 14: Rossa (Excelente)

Cuaderno de cátedra N° 23 completo

CUADERNO DE CÁTEDRA N° 23
TÍTULO: PENSAMIENTO DE DAVID LAPOUJADE SOBRE BERGSON.
AUTORA: PS. ALICIA GALLEGOS
FECHA: DICIEMBRE 2013.

TIEMPO Y AFECTO.
“Se sabe que para captar la duración de la que habla Bergson, hace falta sentirla derramarse en nosotros y vibrar interiormente” de lo que resulta que la duración es una emoción o afecto. Estas emociones son de dos tipos: superficiales y profundas. Las primeras pertenecen al mundo de la representación, de la inteligencia, del espacio y del tiempo cronológico y las segundas nos constituyen en vibraciones, resonancias, tonalidades diversas y no somos seres.
Existen dos caras de la experiencia en Bergson: la de la inteligencia relativa al espacio y a la lógica de la representación y la de la intuición ligada a la emoción profunda o experiencia del tiempo denominada duración.
La inteligencia es una facultad que reduce las emociones de las profundidades a objetos y sujetos haciendo un recorte de la duración. En cambio la duración es el tiempo donde se produce el tiempo cronológico de las emociones superficiales, el presente, pasado y futuro. El tiempo de la duración es un tiempo que va hacia adelante propio del impulso vital, el tiempo como continuidad, fluir, pasaje, multiplicidad sin divisibilidad y sucesión sin separación. Podemos pensar el fluir independientemente de las cosas que fluyen. Así se libera el elemento espiritual o sea la duración, el acontecimiento, lo nuevo. El tiempo cronológico es el tiempo del encierro y el impedimento fundamental para que algo suceda. Es el tiempo del resentimiento en Nietzsche. Para estas subjetividades encerradas en sí mismas ya está todo dado y no existe la libertad de que algo ocurra.
En consecuencia, existe una relación intrínseca entre duración y libertad, no somos libres si somos melancólicos, si estamos capturados en una lógica intemporal. La duración corresponde al yo de las profundidades, al yo que se emociona, que vibra interiormente, a los afectos, al acontecimiento.

EL PASADO COMO LO VIRTUAL:
Concepciones de lo virtual:
1. El pasado en tanto jamás ha sido presente o actual, distinto al pasado como presente que pasa. El pasado coexiste con el presente que pasa. El pasado no tiene que devenir pasado ya lo es, lo es de una vez y constituye la memoria pasiva, inactiva, reserva de sentido.
2. No se confunde con lo posible porque lo posible se opone a lo real. En cambio, lo virtual no se opone a lo real, posee plena realidad por sí mismo. Su proceso es la actualización.
3. No se identifica con lo primitivo y embrionario.
Lo virtual coexiste con lo actual, esto lo testimonia la memoria psicológica.
La memoria pura es la contracción ilimitada de todos os instantes pasados.
En ese momento una nueva imagen de la memoria se dibuja en forma de cono invertido. En la base encontramos una multiplicidad indefinida de pasados según el grado de contracción o dilatación en que se tomen y en el vértice la percepción actual del presente como el grado más contraído y condensado del pasado.

La emoción es energía espiritual intensiva que equivale al sentido del porvenir.
La emoción es duración igual a movimiento, a la duración de un movimiento. La emoción sugiere movimiento. La emoción es el movimiento a través del cual el espíritu capta el movimiento de las cosas, de los seres o el suyo propio.
La emoción es el movimiento virtual y real de los movimientos actuales que se llevan a cabo en el mundo. Es lo no enfocado todavía, lo que se ha dejado pasar, lo aún no contraído.
Existe una relación inseparable entre el yo de las profundidades y la libertad. Ésta última equivale a la vitalidad, a la realidad, a la simpatía y a la emoción. Se emociona del pasaje de tiempo o del movimiento de los seres en cuanto tales.
Pensar el pasaje del tiempo, simpatizar con ese pasaje es justamente, liberarse de lo que es, de lo que nos ata a los seres y a las necesidades. El pensamiento se ha ligado a los seres y no al movimiento de dichos seres.
La emoción coincide con la simpatía y con el apego.
Lapoujade hace referencia en los distintos capítulos de su libro a un Bergson matemático, a un Bergson perspectivista y a un Bergson, médico de la civilización.
El Bergson matemático alude al yo de superficie como agente de multiplicidades cuantitativas o numéricas, de yuxtaposición, homogéneas, distintas y discretas referidas a la representación en el espacio de lo que se presenta inmediatamente en la conciencia. Corresponde a la tercera síntesis activa, al yo agente análogo al sujeto kantiano.
Pero existe y coexiste con el yo de superficie el yo de las profundidades como agente de las multiplicidades cualitativas de penetración, heterogéneas, confusas, continuas que configuran las síntesis pasivas del tiempo con un nivel sub-representacional. El yo de las profundidades no es activo, se hacen en él pero no por él (yo paciente). No es un yo que construye las multiplicidades cualitativas, por el contrario, son ellas las que constituyen el yo profundo en tanto que éste siente o se emociona de lo que pasa, de lo que actúa en él o sobre él.
Ambos yoes son contemporáneos, no se alternan, ni son antagónicos.
La pregunta que se hace Lapoujade es cómo puede devenir el yo libre y activo?
Los datos inmediatos de la conciencia captan las vibraciones de todo tipo que consisten en elementos infinitesimales evanescentes que escapan al espacio de la representación.
Existe la posibilidad de dos tipos. Diferentes conocimientos, uno estático, por conceptos, donde no hay separación entre sujeto y objeto, el otro dinámico por intuición inmediata donde el acto de conocimiento coincide con el acto generador de la realidad. La ontología (estudio de los entes) coincide con la gnoseología (teoría del conocimiento).
La diferencial es la cifra de la libertad. La imprevisibilidad expresada por la libertad hay que ir a buscarla en sus cantidades infinitesimales de indeterminación cuya síntesis en continuo crecimiento son las multiplicidades cualitativas. Nuestra libertad reside ante todo en esos miles y miles de sentimientos, pensamientos, percepciones cuyas síntesis somos.
La emoción es aquello que constituye el elemento diferencial, es la libertad en Bergson. La emoción asegura a cada experiencia su tonalidad propia, su matiz, es siempre inmediatamente estética. En el nivel de los datos inmediatos de la conciencia todos somos novelistas, músicos o pintores.
Asistimos a dos contrasentidos según Lapoujade:
1. La emoción es una afección, es la experiencia de la multiplicidad cualitativa
2. Somos emocionados por el objeto.
1 y 2 coinciden con la emoción profunda y la emoción superficial.
Bergson es contrario a la causalidad y a favor de la sugestión o influencia y atracción recíproca. La relación no es causal sino de expresión.

El Bergson perspectivista implica que la experiencia misma del bergsonismo es pasar al interior del tiempo en lugar de expresarlo desde afuera. La libertad es justamente eso: descender en el tiempo y reencontrar allí la continuidad subterránea de la que estamos hechos. Como en Henry James, es una manera de romper un destino preexistente. La libertad en Bergson es inseparable de la afirmación de uno mismo, de un yo profundo (el sí mismo de Nietzsche).
Ese yo profundo se confunde con las emociones más intensas que hemos experimentado en el curso de nuestra vida. Sólo entramos en el interior del tiempo por la emoción o, más bien, experimentar el pasaje del tiempo es sin duda la emoción más profunda, la fuente de todas las demás, sin melancolía alguna.
Entonces, ¿en qué compromete eso nuestra libertad? Es que el mundo social, con todas sus exigencias no espera de nosotros más que acciones preestablecidas, todo un automatismo cotidiano, familiar de cada uno. Es como un sistema de preguntas a las cuales uno no cesa de responder conforme a las expectativas de todo orden, político, social, conyugal, familiar, profesional. Se espera de nosotros acciones, palabras, reacciones como si el mundo no cesara de preguntarnos a cada instante de forma imperativa: ¿y ahora? ¿qué hacer?. Ahora bien, tenemos la impresión de que la emoción jamás corresponde a las preguntas que el mundo nos plantea, responde siempre al lado de ellas, es gracioso, es injusto, es perturbador, es intolerable, etc. La emoción es una respuesta que no está precedida por ninguna pregunta previa. Sólo que la mayoría de las veces, no podemos hacer justicia a dichas exigencias de expresión, estamos obligados a ignorarlas. Ellas van a fundirse en las profundidades hasta llegar a adquirir en ciertas ocasiones una potencia explosiva. En el mejor de los casos esta potencia se liberará en un acto o en una serie de actos expresivos que llegan a justificar aquellas reivindicaciones. Este es el acontecimiento inaugural del bergsonismo, el vínculo indisoluble entre tiempo y emoción, el tiempo como emoción fundamental, como afecto de la libertad.
Se puede pensar desde Bergson no sólo una crítica a la inteligencia sino a ciertas emociones como técnicas de control y de sometimiento (melodramas, novelas, algunos programas de medios de comunicación). Según él, existen emociones superficiales provocadas por el objeto y emociones profundas las que engendran un objeto, tal es el caso del cine arte.
Ej.: emociones superficiales: un film hace llorar, una broma hace reír, un acto inmoral escandaliza y un ej.: emociones profundas, un objeto aparece como radicalmente nuevo.
La atención a la vida nos permite adaptarnos y el apego a la vida resulta de la moral y de la religión que nos apegan a la vida al ligarnos con otros grupos y con los dioses. Alude específicamente a la potencia imaginativa de la fabulación, el acto de creer, disposición original o exigencia vital.
El apego a la vida es un concepto ético, político, la “gran política” en Nietzsche. Exige salir de la enfermedad propia de la especie humana, liberarse de todas las ficciones religiosas a las cuales se aferra de manera infantil. Bergson es aquí “médico de la civilización”. La semejanza con Nietzsche es notable, para éste el hombre es una especie enferma, los que parecen un poco locos son quizás quienes poseen mayor salud. Haría falta un acontecimiento tan importante como el cristianismo para que el hombre no sea un animal enfermo.
Intuición y simpatía, son conceptos inseparables pero diferentes.
La intuición es una relación del espíritu consigo mismo, de modo que no dispone de ningún medio para salir de sí mismo. Ahora bien, es justamente la simpatía la que va a permitirle, no salir de sí mismo sino enriquecerse con todas las alteridades que pueblan el mundo al abrazar sus movimientos. Simpatía es siempre simpatizar con un movimiento, con un ritmo de duración y el movimiento es el propio espíritu de la cosa, su sentido o su conciencia.
Así, cuando abraza un movimiento externo, el espíritu deviene otro, deviene la conciencia o el espíritu de dicho movimiento en el instante mismo en el que el propio movimiento deviene espíritu o conciencia (DEVENIR para Deleuze: uno deviene animal si el animal deviene otra cosa). Para Bergson el espíritu deviene movimiento externo en la medida que dicho movimiento deviene espíritu. Esta operación es efectuada por la simpatía y no por la intuición.
Las emociones de las que está preñada el acto libre nos hacen nacer a la política. De manera sumaria una política supone concebir un mundo posible mejor, posibilidad según la cual actuamos. Pero aquí, es ante todo, una potencia afectiva la que nos revela el mundo como bello, innoble, escandaloso, injusto, sublime, afectos directamente políticos en el sentido que nos hacen percibir y expresar de otro modo. Henos aquí en lucha contra las maneras en las que habitualmente se nos hace ver, hablar y actuar. Quizás es solamente bajo esa condición que podemos reapropiaros de este mundo. Como diría Nietzsche, se sale de la enfermedad no desde ella sino desde otros modos de vivir activos.

PRIMER FRAGMENTO DE PELÍCULA DE ALEXANDER KLUGE:CUADERNO DE CÁTEDRA N° 23
TÍTULO: PENSAMIENTO DE DAVID LAPOUJADE SOBRE BERGSON.
AUTORA: PS. ALICIA GALLEGOS
FECHA: DICIEMBRE 2013.

TIEMPO Y AFECTO.
“Se sabe que para captar la duración de la que habla Bergson, hace falta sentirla derramarse en nosotros y vibrar interiormente” de lo que resulta que la duración es una emoción o afecto. Estas emociones son de dos tipos: superficiales y profundas. Las primeras pertenecen al mundo de la representación, de la inteligencia, del espacio y del tiempo cronológico y las segundas nos constituyen en vibraciones, resonancias, tonalidades diversas y no somos seres.
Existen dos caras de la experiencia en Bergson: la de la inteligencia relativa al espacio y a la lógica de la representación y la de la intuición ligada a la emoción profunda o experiencia del tiempo denominada duración.
La inteligencia es una facultad que reduce las emociones de las profundidades a objetos y sujetos haciendo un recorte de la duración. En cambio la duración es el tiempo donde se produce el tiempo cronológico de las emociones superficiales, el presente, pasado y futuro. El tiempo de la duración es un tiempo que va hacia adelante propio del impulso vital, el tiempo como continuidad, fluir, pasaje, multiplicidad sin divisibilidad y sucesión sin separación. Podemos pensar el fluir independientemente de las cosas que fluyen. Así se libera el elemento espiritual o sea la duración, el acontecimiento, lo nuevo. El tiempo cronológico es el tiempo del encierro y el impedimento fundamental para que algo suceda. Es el tiempo del resentimiento en Nietzsche. Para estas subjetividades encerradas en sí mismas ya está todo dado y no existe la libertad de que algo ocurra.
En consecuencia, existe una relación intrínseca entre duración y libertad, no somos libres si somos melancólicos, si estamos capturados en una lógica intemporal. La duración corresponde al yo de las profundidades, al yo que se emociona, que vibra interiormente, a los afectos, al acontecimiento.

EL PASADO COMO LO VIRTUAL:
Concepciones de lo virtual:
1. El pasado en tanto jamás ha sido presente o actual, distinto al pasado como presente que pasa. El pasado coexiste con el presente que pasa. El pasado no tiene que devenir pasado ya lo es, lo es de una vez y constituye la memoria pasiva, inactiva, reserva de sentido.
2. No se confunde con lo posible porque lo posible se opone a lo real. En cambio, lo virtual no se opone a lo real, posee plena realidad por sí mismo. Su proceso es la actualización.
3. No se identifica con lo primitivo y embrionario.
Lo virtual coexiste con lo actual, esto lo testimonia la memoria psicológica.
La memoria pura es la contracción ilimitada de todos os instantes pasados.
En ese momento una nueva imagen de la memoria se dibuja en forma de cono invertido. En la base encontramos una multiplicidad indefinida de pasados según el grado de contracción o dilatación en que se tomen y en el vértice la percepción actual del presente como el grado más contraído y condensado del pasado.

La emoción es energía espiritual intensiva que equivale al sentido del porvenir.
La emoción es duración igual a movimiento, a la duración de un movimiento. La emoción sugiere movimiento. La emoción es el movimiento a través del cual el espíritu capta el movimiento de las cosas, de los seres o el suyo propio.
La emoción es el movimiento virtual y real de los movimientos actuales que se llevan a cabo en el mundo. Es lo no enfocado todavía, lo que se ha dejado pasar, lo aún no contraído.
Existe una relación inseparable entre el yo de las profundidades y la libertad. Ésta última equivale a la vitalidad, a la realidad, a la simpatía y a la emoción. Se emociona del pasaje de tiempo o del movimiento de los seres en cuanto tales.
Pensar el pasaje del tiempo, simpatizar con ese pasaje es justamente, liberarse de lo que es, de lo que nos ata a los seres y a las necesidades. El pensamiento se ha ligado a los seres y no al movimiento de dichos seres.
La emoción coincide con la simpatía y con el apego.
Lapoujade hace referencia en los distintos capítulos de su libro a un Bergson matemático, a un Bergson perspectivista y a un Bergson, médico de la civilización.
El Bergson matemático alude al yo de superficie como agente de multiplicidades cuantitativas o numéricas, de yuxtaposición, homogéneas, distintas y discretas referidas a la representación en el espacio de lo que se presenta inmediatamente en la conciencia. Corresponde a la tercera síntesis activa, al yo agente análogo al sujeto kantiano.
Pero existe y coexiste con el yo de superficie el yo de las profundidades como agente de las multiplicidades cualitativas de penetración, heterogéneas, confusas, continuas que configuran las síntesis pasivas del tiempo con un nivel sub-representacional. El yo de las profundidades no es activo, se hacen en él pero no por él (yo paciente). No es un yo que construye las multiplicidades cualitativas, por el contrario, son ellas las que constituyen el yo profundo en tanto que éste siente o se emociona de lo que pasa, de lo que actúa en él o sobre él.
Ambos yoes son contemporáneos, no se alternan, ni son antagónicos.
La pregunta que se hace Lapoujade es cómo puede devenir el yo libre y activo?
Los datos inmediatos de la conciencia captan las vibraciones de todo tipo que consisten en elementos infinitesimales evanescentes que escapan al espacio de la representación.
Existe la posibilidad de dos tipos. Diferentes conocimientos, uno estático, por conceptos, donde no hay separación entre sujeto y objeto, el otro dinámico por intuición inmediata donde el acto de conocimiento coincide con el acto generador de la realidad. La ontología (estudio de los entes) coincide con la gnoseología (teoría del conocimiento).
La diferencial es la cifra de la libertad. La imprevisibilidad expresada por la libertad hay que ir a buscarla en sus cantidades infinitesimales de indeterminación cuya síntesis en continuo crecimiento son las multiplicidades cualitativas. Nuestra libertad reside ante todo en esos miles y miles de sentimientos, pensamientos, percepciones cuyas síntesis somos.
La emoción es aquello que constituye el elemento diferencial, es la libertad en Bergson. La emoción asegura a cada experiencia su tonalidad propia, su matiz, es siempre inmediatamente estética. En el nivel de los datos inmediatos de la conciencia todos somos novelistas, músicos o pintores.
Asistimos a dos contrasentidos según Lapoujade:
1. La emoción es una afección, es la experiencia de la multiplicidad cualitativa
2. Somos emocionados por el objeto.
1 y 2 coinciden con la emoción profunda y la emoción superficial.
Bergson es contrario a la causalidad y a favor de la sugestión o influencia y atracción recíproca. La relación no es causal sino de expresión.

El Bergson perspectivista implica que la experiencia misma del bergsonismo es pasar al interior del tiempo en lugar de expresarlo desde afuera. La libertad es justamente eso: descender en el tiempo y reencontrar allí la continuidad subterránea de la que estamos hechos. Como en Henry James, es una manera de romper un destino preexistente. La libertad en Bergson es inseparable de la afirmación de uno mismo, de un yo profundo (el sí mismo de Nietzsche).
Ese yo profundo se confunde con las emociones más intensas que hemos experimentado en el curso de nuestra vida. Sólo entramos en el interior del tiempo por la emoción o, más bien, experimentar el pasaje del tiempo es sin duda la emoción más profunda, la fuente de todas las demás, sin melancolía alguna.
Entonces, ¿en qué compromete eso nuestra libertad? Es que el mundo social, con todas sus exigencias no espera de nosotros más que acciones preestablecidas, todo un automatismo cotidiano, familiar de cada uno. Es como un sistema de preguntas a las cuales uno no cesa de responder conforme a las expectativas de todo orden, político, social, conyugal, familiar, profesional. Se espera de nosotros acciones, palabras, reacciones como si el mundo no cesara de preguntarnos a cada instante de forma imperativa: ¿y ahora? ¿qué hacer?. Ahora bien, tenemos la impresión de que la emoción jamás corresponde a las preguntas que el mundo nos plantea, responde siempre al lado de ellas, es gracioso, es injusto, es perturbador, es intolerable, etc. La emoción es una respuesta que no está precedida por ninguna pregunta previa. Sólo que la mayoría de las veces, no podemos hacer justicia a dichas exigencias de expresión, estamos obligados a ignorarlas. Ellas van a fundirse en las profundidades hasta llegar a adquirir en ciertas ocasiones una potencia explosiva. En el mejor de los casos esta potencia se liberará en un acto o en una serie de actos expresivos que llegan a justificar aquellas reivindicaciones. Este es el acontecimiento inaugural del bergsonismo, el vínculo indisoluble entre tiempo y emoción, el tiempo como emoción fundamental, como afecto de la libertad.
Se puede pensar desde Bergson no sólo una crítica a la inteligencia sino a ciertas emociones como técnicas de control y de sometimiento (melodramas, novelas, algunos programas de medios de comunicación). Según él, existen emociones superficiales provocadas por el objeto y emociones profundas las que engendran un objeto, tal es el caso del cine arte.
Ej.: emociones superficiales: un film hace llorar, una broma hace reír, un acto inmoral escandaliza y un ej.: emociones profundas, un objeto aparece como radicalmente nuevo.
La atención a la vida nos permite adaptarnos y el apego a la vida resulta de la moral y de la religión que nos apegan a la vida al ligarnos con otros grupos y con los dioses. Alude específicamente a la potencia imaginativa de la fabulación, el acto de creer, disposición original o exigencia vital.
El apego a la vida es un concepto ético, político, la “gran política” en Nietzsche. Exige salir de la enfermedad propia de la especie humana, liberarse de todas las ficciones religiosas a las cuales se aferra de manera infantil. Bergson es aquí “médico de la civilización”. La semejanza con Nietzsche es notable, para éste el hombre es una especie enferma, los que parecen un poco locos son quizás quienes poseen mayor salud. Haría falta un acontecimiento tan importante como el cristianismo para que el hombre no sea un animal enfermo.
Intuición y simpatía, son conceptos inseparables pero diferentes.
La intuición es una relación del espíritu consigo mismo, de modo que no dispone de ningún medio para salir de sí mismo. Ahora bien, es justamente la simpatía la que va a permitirle, no salir de sí mismo sino enriquecerse con todas las alteridades que pueblan el mundo al abrazar sus movimientos. Simpatía es siempre simpatizar con un movimiento, con un ritmo de duración y el movimiento es el propio espíritu de la cosa, su sentido o su conciencia.
Así, cuando abraza un movimiento externo, el espíritu deviene otro, deviene la conciencia o el espíritu de dicho movimiento en el instante mismo en el que el propio movimiento deviene espíritu o conciencia (DEVENIR para Deleuze: uno deviene animal si el animal deviene otra cosa). Para Bergson el espíritu deviene movimiento externo en la medida que dicho movimiento deviene espíritu. Esta operación es efectuada por la simpatía y no por la intuición.
Las emociones de las que está preñada el acto libre nos hacen nacer a la política. De manera sumaria una política supone concebir un mundo posible mejor, posibilidad según la cual actuamos. Pero aquí, es ante todo, una potencia afectiva la que nos revela el mundo como bello, innoble, escandaloso, injusto, sublime, afectos directamente políticos en el sentido que nos hacen percibir y expresar de otro modo. Henos aquí en lucha contra las maneras en las que habitualmente se nos hace ver, hablar y actuar. Quizás es solamente bajo esa condición que podemos reapropiaros de este mundo. Como diría Nietzsche, se sale de la enfermedad no desde ella sino desde otros modos de vivir activos.

1)FRAGMENTO DE LA PELÍCULA DE KLUGE PARA EL ANÁLISIS DE LA MISMA EN EL SEGUNDO PARCIAL:

2)FRAGMENTO DE LA PELÍCULA DE KLUGE:https://www.youtube.com/watch?v=wDej-3J5Hik

Cuaderno de cátedra N° 23

Publico parte del cuaderno de cátedra N° 23 que resume los temas no dados de la semana del 8 al 12 de septiembre, fecha en que se realizó el Congreso de la democracia.
CUADERNO DE CÁTEDRA N° 23
TÍTULO: PENSAMIENTO DE DAVID LAPOUJADE SOBRE BERGSON.
AUTORA: PS. ALICIA GALLEGOS
FECHA: DICIEMBRE 2013.

TIEMPO Y AFECTO.
“Se sabe que para captar la duración de la que habla Bergson, hace falta sentirla derramarse en nosotros y vibrar interiormente” de lo que resulta que la duración es una emoción o afecto. Estas emociones son de dos tipos: superficiales y profundas. Las primeras pertenecen al mundo de la representación, de la inteligencia, del espacio y del tiempo cronológico y las segundas nos constituyen en vibraciones, resonancias, tonalidades diversas y no somos seres.
Existen dos caras de la experiencia en Bergson: la de la inteligencia relativa al espacio y a la lógica de la representación y la de la intuición ligada a la emoción profunda o experiencia del tiempo denominada duración.
La inteligencia es una facultad que reduce las emociones de las profundidades a objetos y sujetos haciendo un recorte de la duración. En cambio la duración es el tiempo donde se produce el tiempo cronológico de las emociones superficiales, el presente, pasado y futuro. El tiempo de la duración es un tiempo que va hacia adelante propio del impulso vital, el tiempo como continuidad, fluir, pasaje, multiplicidad sin divisibilidad y sucesión sin separación. Podemos pensar el fluir independientemente de las cosas que fluyen. Así se libera el elemento espiritual o sea la duración, el acontecimiento, lo nuevo El tiempo cronológico es el tiempo del encierro y el impedimento fundamental para que algo suceda. Es el tiempo del resentimiento en Nietzsche. Para estas subjetividades encerradas en sí mismas ya está todo dado y no existe la libertad de que algo ocurra.
En consecuencia, existe una relación intrínseca entre duración y libertad, no somos libres si somos melancólicos, si estamos capturados en una lógica intemporal. La duración corresponde al yo de las profundidades, al yo que se emociona, que vibra interiormente, a los afectos, al acontecimiento.

EL PASADO COMO LO VIRTUAL:
Concepciones de lo virtual:
1. El pasado en tanto jamás ha sido presente o actual, distinto al pasado como presente que pasa. El pasado coexiste con el presente que pasa. El pasado no tiene que devenir pasado ya lo es, lo es de una vez y constituye la memoria pasiva, inactiva, reserva de sentido.
2. No se confunde con lo posible porque lo posible se opone a lo real. En cambio, lo virtual no se opone a lo real, posee plena realidad por sí mismo. Su proceso es la actualización.
3. No se identifica con lo primitivo y embrionario.
Lo virtual coexiste con lo actual, esto lo testimonia la memoria psicológica.
La memoria pura es la contracción ilimitada de todos os instantes pasados.
En ese momento una nueva imagen de la memoria se dibuja en forma de cono invertido. En la base encontramos una multiplicidad indefinida de pasados según el grado de contracción o dilatación en que se tomen y en el vértice la percepción actual del presente como el grado más contraído y condensado del pasado.

La emoción es energía espiritual intensiva que equivale al sentido del porvenir.
La emoción es duración igual a movimiento, a la duración de un movimiento. La emoción sugiere movimiento. La emoción es el movimiento a través del cual el espíritu capta el movimiento de las cosas, de los seres o el suyo propio.
La emoción es el movimiento virtual y real de los movimientos actuales que se llevan a cabo en el mundo. Es lo no enfocado todavía, lo que se ha dejado pasar, lo aún no contraído.
Existe una relación inseparable entre el yo de las profundidades y la libertad. Ésta última equivale a la vitalidad, a la realidad, a la simpatía y a la emoción. Se emociona del pasaje de tiempo o del movimiento de los seres en cuanto tales.
Pensar el pasaje del tiempo, simpatizar con ese pasaje es justamente, liberarse de lo que es, de lo que nos ata a los seres y a las necesidades. El pensamiento se ha ligado a los seres y no al movimiento de dichos seres.
La emoción coincide con la simpatía y con el apego.